Llantos
Un vuelco en el estómago, y sentir cómo las piernas, al ritmo que mis sentimientos flaqueaban, rindiéndose ante el peso de los echos. Las voces de la gente entrometida como ecos lejanos, conversaciones que se perdieron en la oscuridad. El sentimiento de querer hacer algo que se ahogaba por sí sólo ante las circunstancias. Dos camillas llevando algo, un rastro de sangre a su paso, y sospechas transparentes que me traicionaron.
El tiempo disecado, una escena que se quedó gravada, y los segundos, perezosos, no continuaban.
Entonces, el cielo se rompió, cómo si de un cristal normal se tratase, derramó tinta negra sobre la tierra, una tierra que se resquebrajó por segundos, haciéndose con mi mundo, un mundo que ahora, quedó huérfano, un niño en mi interior que con la frente pegada a las rodillas, lloró desconsoladamente rodeado de fría soledad.
Mil llantos que se quedaron perdidos por el mundo de la verdad, esa verdad que hirió mi vida, e hizo que la muerte me visitara de forma predeterminada, mientras el niño vestido de persona mayor colgaba del techo de sus sentimientos.







