
Miedo
Los miedos afloran de repente, mientras miro a la oscura figura situada ante mis ojos. Cuerpo esquelético cubierto por una fina capa de seda, y cada uno de mis recuerdos se proyecta en los hilos que la forman, creando una visión completa de mi vida, que cómo todo lo que comienza algún día, llega ahora a su fin. Instinto de superación olvidado, y en plena decadencia, me sumerjo sin quererlo ni pretenderlo en esos recuerdos que ya creía olvidados, pero que sin embargo sabía aún permanecían en mi interior.
Momentos inolvidables que nunca más recordaría pues no habría nada, ni nadie para hacerlo. Toda una vida desperdiciada para acabar en la más pura de las oscuridades. Frío que me rodea, y sólo un sentimiento; terror.
Miedo a perderlo todo, miedo a saber que nada ha importado, que lo que un día ocurrió será olvidado, cómo si nunca hubiera sucedido. Entonces la fina seda me envuelve en un abrazo de muerte, y sin sentimiento alguno en mi cuerpo, me pierdo en la soledad de lo único eterno en el universo; la muerte.
Momentos
Sentir que todo se viene abajo, presa de la realidad, que el calor que un día me envolvió desaparece. Mi corazón se rompe en mil pedazos que quedan esparcidos por los rincones de mi alma, piezas que probablemente nadie más logrará unir. Dijiste que nunca te irías, y sin embargo, ya no estás, dejando sólo fríos momentos y huecos vacíos. Provocando que el mundo que construimos juntos se desvanezca cómo polvo. Edificios que se los lleva el viento, casas que guardaban esperanzas, jardines llenos de sueños, y un cielo azulado que ahora se ensucia de tinta negra manchándolo todo. Momentos que nunca podré olvidar y que me apuñalarán el corazón para recordarme que nunca más deje que nadie me vuelva a hacer lo mismo. Una vida perdida con muchos sacrificios por el camino, un camino que has borrado con tus palabras de traición. Y yo con la soledad en mi corazón destruido. Sólo palabras en papeles en blanco.
Egoísta
No puedes evitarlo, te sientes culpable. Si no fuera por ti, él no hubiera muerto. Si no fuera por ti, tus padres no se hubieran separado.
Me contemplo en el espejo, que refleja la fría realidad que gira a mí alrededor y me gustaría evitar al mismo tiempo. Pero no es así, me siento insufriblemente culpable. No hay problema, sé cuál es el camino para arreglarlo todo. Ahora el espejo me devuelve la sonrisa torcida que han dibujado mis labios.
De forma predeterminada saco el trozo metálico que siempre llevo en el bolsillo, después, todo es una sucesión de sentimientos e imágenes en mi cerebro.
Siento cómo la primera gota resbala de mi muñeca para caer justo al lado de mis pies.
Manchas rojas que ensucian el inmaculado color blanco del cuarto de baño.
Y cuando creía que todo estaba ya sentenciado y olvidado, siento cómo la irritante culpabilidad permanece intacta en mi pecho, y no termina de difuminarse como de costumbre. Es necesario volver a intentarlo.
Procedo una vez más, el dolor que produce el diminuto metal al rajar mi piel es insignificante comparado con la inmensa sensación de paz que escala por mi cuerpo en forma de corrientes eléctricas.
Ahora sí, la molesta sensación instalada en mi pecho desde el fatídico momento en el que todo sucedió desaparece por completo. Sólo queda limpiar las huellas de mis actos y regresar a la vida real, en la que deberé enfrentar el día a día cómo una mochila tremendamente pesada colgada a mi espalda. Rezando porque todo se acabe lo antes posible.



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