Lo siento
Te dejé marchar, lágrimas resbalando por tu rostro ensuciado tras mis actos, y el amor que un día compartimos marchitándose a cada paso que dabas bajo la lluvia, alejándote de mí.
Te herí y no merezco perdón, te herí y siento temor, temor por saber que si pudiéramos volver a encontrarnos nuestras miradas nunca llegarían a tocarse. Pues nos comunicarían inmediatamente el dolor que ambos sentimos. Ese dolor que permanecerá hasta en el recuerdo más cercano. Viendo cómo cae la arena en el reloj, granito tras granito, y saber que lo que un día terminó, ya no tiene solución.

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